Conmemoración del primer aniversario de los asesinatos en Locomapa

Esta reflexión fue escrita por Lucy Edwards (PROAH, Hope in Action, Congregational United Church of Christ, Ashland, Oregon)

Hace poco más de un año, en la tarde del domingo 25 de agosto de 2013, hombres armados mataron a tres líderes indígenas tolupanes. La tribu de San Francisco de Locomapa había empezado un bloqueo de ruta en su comunidad para parar la minería ilegal y la explotación de madera en las tierras comunales.

Dos hombres empleados por la mina llegaron en una moto y dispararon al grupo, alcanzando a Ricardo Soto Funes y Armando Funes Medina mientras estos se refugiaban en el patio de la casa de una mujer mayor, María Enriqueta Matute. María se encontraba en su cocina cuando la mataron. En la mañana del día siguiente (lunes 26 de agosto de 2013), acompañé al equipo de Radio Progreso a reclamar los cuerpos con el fin de regresarlos a Locomapa para que los velaran y los enterraran.

Este año en la primera conmemoración de los asesinatos, la comunidad, con el apoyo del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ), organizó una marcha conmemorativa en la que participaron tres voluntarios acompañantes de PROAH de Francia, Estados Unidos y Suiza respectivamente.

mov locomapa

Los Tolupanes, niños y adultos, encendieron ramas cortadas de sus pinos, su fuente de energía y de luz. Las volvieron a prender durante el camino en lugares específicos. El olor dulce del humo producía una presencia visible y reconfortante. Alguien mencionó durante la ceremonia que estas marchas conmemorativas solían hacerse de noche, pero que ya no era seguro hacerlo así.

Cuando la marcha alcanzó la casa de María Enriqueta Matute, donde las tres personas murieron el año pasado, unieron las antorchas de ramas en un pequeño fogón.

Los dos hombres que dispararon la casa de María Enriqueta permanecen libres y activos en la comunidad. Se dictó una orden de captura pero la policía  no la ha cumplido excusándose con varios argumentos entre los cuales manifiestan la falta de un vehiculo. La comunidad está también preocupada por la posible complicidad de la policía con los asesinos, y ellos temen por su propia seguridad.

Dos policías acompañaron la procesión. Pregunté a unos de ellos sobre los asesinatos, y me contestó que los autores habían dejado la zona. Mencioné que la comunidad había reportado verlos regularmente, y entonces mencionó los problemas que tenia la policía para desplazarse, que no tienen vehículo.

Cerca del final de la procesión, caminé junto a una mujer mayor de nombre María Petrona. Varios niños pequeños se acercaron a ella llamándola “tía” y ella les puso la mano en la frente, como para bendecirlos. Quizás unas cinco niñas hicieron eso. Se volteó hacia mi y me dijo que eran todos familia.
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Después nos encontramos de nuevo, las dos buscando sombra. Estábamos en el sitio donde los dos hombres murieron, cerca de la pequeña casa de María Enriqueta. Aquí Maria Petrona me explicó que era la hermana mayor de María Enriqueta. A ambas nos saltaron las lágrimas cuando describió como  impactaron las balas en la pared de su cocina, impactos que todavía eran visibles. Me tomó de la mano, me llevó allí y me los enseñó. Estaba parada justo en el lugar donde su hermana había estado, donde cayó muerta en el suelo de la entrada de su cocina. Podía ver un impacto de bala justo arriba de su hombro. Su cuerpo escondía el otro.

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